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jueves, 26 de mayo de 2011

Manfiesto de la Juventud del PTS

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Este Manifiesto es producto de más de un mes de discusión que involucró a jóvenes militantes de distintas provincias del país quienes luego de semanas de debate y preparación nos reunimos en Buenos Aires para la Conferencia Nacional de la Juventud del PTS.

El 25 y 26 de marzo nos encontramos en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA más de mil compañeros y compañeras de Capital Federal, Gran Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Rosario, Mar del Plata, Junín, Pergamino, Bahía Blanca, Trelew, La Pampa, Villa Mercedes (San Luis), Neuquén, Cipoletti, Mendoza, Tucumán, Jujuy, San Nicolás, Villa Constitución y Paraná. Nos reunimos militantes de más veinte universidades nacionales, decenas de terciarios y colegios secundarios, y jóvenes trabajadores del ferrocarril, metalúrgicos, metalmecánicos, aeronáuticos, comercio, ceramistas, de la alimentación y otros gremios.

Se trataba del lanzamiento de un nuevo proyecto político y el manifiesto definitivo, discutido a partir del Proyecto de Manifiesto presentado un mes antes, es el resultado de decenas de aportes previos a la Conferencia y de decenas de enmiendas discutidas y votadas durante esas dos jornadas. Con él sentamos las bases programáticas del proyecto, integrándolas con el conjunto de los fundamentos teóricos y programáticos del PTS. Desde los informes iniciales de la Conferencia se planteó el desafío que después se discutiría en las comisiones, que contaron con más de trescientas intervenciones: centralizar todas las agrupaciones estudiantiles y de jóvenes trabajadores que ya veníamos impulsando junto a compañeros independientes para apostar a la construcción de una fuerte juventud que dé un paso al frente y asuma un compromiso superior. En momentos en que los “jóvenes K” de La Cámpora, el Evita o la Juventud Sindical moyanista se quieren arrogar la representación de la juventud militante, nosotros ponemos en pie este proyecto. Lejos de esa “militancia” al servicio del Estado, sentados en los despachos de los ministerios y mediante alianzas con personajes como Menem, Rico, Insfrán o la oscura burocracia sindical, apostamos al desarrollo de una gran corriente clasista, antiburocrática y combativa en el movimiento obrero y a la construcción de una gran juventud revolucionaria, dos vías que consideramos fundamentales para avanzar en conquistar las bases de un partido revolucionario e internacionalista, objetivo estratégico de los que integramos el PTS.

Para este proyecto ya contamos con una importante camada de jóvenes trabajadores de distintos gremios, que somos parte de los sectores más explotados, con los trabajos más precarios y peor pagos, acostumbrados a organizarnos clandestinamente por fuera de los ojos de las patronales que nos intentan despedir no bien asomamos cabeza. A su vez, desde las agrupaciones juveniles impulsadas por el PTS (En Clave ROJA, No Pasarán, Pan y Rosas, Contraimagen, entre otras) tenemos una larga tradición batallando por un movimiento estudiantil autoorganizado, que luche por una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo y por la unidad obrero-estudiantil desde las facultades, colegios y terciarios, como lo refleja nuestro rol desde hace años en luchas como Zanon, Brukman, el Subte, Mafissa, Jabón Federal, Garrahan, el ferrocarril Roca, Paraná Metal, automotrices de Córdoba, pescadores de Bahía Blanca, ajeros de Mendoza o en la histórica lucha de Kraft-Terrabusi, por nombrar sólo unos pocos de los tantos conflictos obreros que encontraron a la Juventud del PTS jugando un rol en la primera línea.

Partiendo de esta tradición, hoy vamos por más. En la Conferencia Nacional resolvimos que la Juventud del PTS asuma como propio el desafío de construir una gran corriente clasista en el movimiento obrero, tomando en nuestras manos el periódico Nuestra Lucha lanzado recientemente por los trabajadores de Zanon, Kraft, sectores clasistas del subte y otros gremios.

Apostamos a la construcción de una corriente clasista como una necesidad de primer orden en la actual situación política, porque con el kirchnerismo y su aliada, la burocracia sindical, persisten la persecución a los luchadores y los despidos discriminatorios en fábricas y empresas a los activistas que se ponen de pie para enfrentar la dictadura patronal. Los más de mil compañeros y compañeras que nos reunimos a discutir este proyecto, junto al resto de los militantes del PTS, los nuevos compañeros que se sumen al proyecto y el resto de los impulsores de Nuestra Lucha, somos una fuerza fundamental para llegar con el periódico a todas las fábricas y empresas estratégicas de nuestro país donde se concentra el poder obrero que, organizado, puede enfrentar el poder de los capitalistas. Nos proponemos organizar esa gran corriente clasista dentro de los sindicatos, para enfrentar al Gobierno, a la dictadura patronal y a la burocracia sindical desde una política de independencia de clase. Una corriente que tenga la fuerza política y social necesaria para enfrentar los ataques a los luchadores, la represión, los ataques al salario y levantar un programa que unifique a todos los explotados y los oprimidos para dar respuesta a los grandes problemas de las mayorías obreras y populares. Una corriente que permita acelerar la construcción de la herramienta política que necesitan los trabajadores: un partido revolucionario que para vencer, enfrente al Estado y a sus gobiernos. Luego de la Conferencia se pudo concretar un proyecto político que ya figuraba como objetivo en el Proyecto de Manifiesto y que apoyamos con todas nuestras fuerzas: el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), integrado por el PO, el PTS, IS y otros grupos, que presentará la fórmula presidencial Altamira-Castillo y candidatos en diecinueve provincias, destacándose las candidaturas de los dirigentes ceramistas Alejandro López y Raúl Godoy en Neuquén, junto a compañeros y compañeras de la Juventud del PTS como Jesica Calcagno, Franco Villalba, Laura Vilches, Juan Oribe y Patricio del Corro, para enfrentar la reforma electoral proscriptiva impuesta por el kirchnerismo y levantar una alternativa de independencia política de los trabajadores, contra el Gobierno, la oposición patronal y las variantes de centroizquierda. Sabemos que los cambios de fondo por los que luchamos no los conseguiremos con algunos diputados dentro de las instituciones del régimen, organizadas y reglamentadas para mantener el orden burgués, pero el Frente de Izquierdal es una gran herramienta para intervenir en el enorme debate nacional que recorre a millones frente a las elecciones, para pelear por la ruptura de los trabajadores y la juventud con los partidos que defienden la explotación, la opresión y la entrega, llamándolos a confiar en sus propias fuerzas, su organización y su lucha. Todos los cargos que conquistemos estarán al servicio de desarrollar la movilización obrera y popular, en la perspectiva de que gobiernen los que nunca gobernaron: los trabajadores. Con este espíritu nos proponemos ser vanguardia en la campaña del Frente de Izquierda y de los Trabajadores.

Esta será una gran batalla también en el movimiento estudiantil contra los kirchneristas que buscan convertir a las facultades, terciarios y colegios en “unidades básicas” al servicio del “proyecto nacional” (que en la universidad es el de la Ley de Educación Superior menemista aún vigente), y también contra la Franja Morada y otras variantes al servicio de las clases dominantes. Nosotros vamos por una educación al servicio de los trabajadores y el pueblo, y no buscamos unirnos a la burocracia de Moyano y los personeros del PJ, sino que peleamos por un movimiento estudiantil aliado al sindicalismo de base, a los trabajadores y al pueblo pobre, en la perspectiva de construir la única alianza social que puede dar respuesta a los problemas de las grandes mayorías obreras y populares. La Juventud del PTS se pone en pie de guerra. Los que gobiernan buscan atacar con represión directa (como lo vimos en el Parque Indoamericano de Soldati, en el ataque a los Qom de Formosa o en el asesinato de Mariano Ferreyra, entre otros ejemplos), o con persecución y judicialización a todos los que nos proponemos levantar la cabeza para cuestionar que después de años de crecimiento económico récord persisten la precarización laboral, los bajos salarios, la desocupación o la decadencia de la educación y la salud públicas, mientras miles de millones de dólares se van en el pago de la deuda externa o en subsidios a los empresarios, a la vez que las empresas capitalistas hacen superganancias. Contra ellos, nos proponemos construir una gran corriente clasista en el movimiento obrero y una gran juventud revolucionaria trabajadora y estudiantil, iniciativas necesarias para avanzar en la construcción de un partido de trabajadores revolucionario en nuestro país. Presentamos entonces, en este Manifiesto votado y discutido por más de mil compañeros y compañeras, un programa para la construcción de una juventud revolucionaria trabajadora y estudiantil.

martes, 8 de febrero de 2011

La mujer, el Estado y la revolución

YA SALIÓ La mujer, el Estado y la revolución, de Wendy Goldman, en edición conjunta de Pan y Rosas y Ediciones del Instituto de Pensamiento Socialista Karl Marx. Reproducimos el prólogo de Andrea D’Atri. Esperamos que les despierte el interés por leer el libro.

PRÓLOGO

Abrir paso a las más profundas y verdaderas reformas

Por Andrea D’Atri

“Habría que considerar irremisiblemente perdidos a aquellos comunistas que imaginaran que se puede consumar una empresa de alcance histórico mundial, como la de establecer las bases de una economía socialista (sobre todo en un país de pequeños campesinos), sin errores, sin retrocesos, sin recomenzar de nuevo múltiples veces tareas inacabadas o mal ejecutadas. No están perdidos (y con mucha probabilidad no sucumbirán) los comunistas que no se dejen arrastrar por las ilusiones ni por el desánimo, y que conserven la fuerza y la flexibilidad necesaria para recomenzar desde cero y consagrarse a una de las tareas más difíciles.” Lenin, 1922

“Todo el que se inclina ante los hechos consumados es incapaz de preparar el porvenir.” Trotsky, 1936

I

Rusia –el eslabón más débil de la cadena de países imperialistas- llegó a la dictadura del proletariado, antes que los países avanzados. Reformas profundas que se prometían en las democracias más avanzadas de Occidente, se plasmaron en la nación más atrasada de Europa, empujándola violentamente a ocupar un puesto de vanguardia en la historia mundial. Pero su atraso económico y cultural, junto con la derrota del movimiento obrero de los países avanzados, eran fuerzas poderosas que se erigían entre el momento inicial de la revolución y el objetivo final del socialismo.

La dirección del Partido Bolchevique estaba convencida de que sólo una revolución triunfante en el seno de la moderna Europa impulsaría nuevamente las fuerzas agotadas del proletariado ruso y de su economía arrasada por el esfuerzo bélico, permitiendo elevar el nivel cultural de las masas que, durante siglos, se vieron atenazadas por el zarismo, la superstición y los patriarcas de la Iglesia Ortodoxa. “No cabe duda que la revolución socialista en Europa debe estallar y estallará. Todas nuestras esperanzas en la victoria definitiva del socialismo se fundan precisamente en esta seguridad y en esta previsión científica”, escribía Lenin, en enero de 1918. (1) Es cierto que, como señala Isaac Deutscher, “los bolcheviques hicieron su Revolución de Octubre de 1917 con la convicción de que lo que ellos habían iniciado era ‘el salto de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad’. Vieron al orden burgués disolviéndose y a la sociedad clasista derrumbándose en todo el mundo, no sólo en Rusia.”(2) Pero el país exhausto por su participación en la guerra imperialista, tuvo que pasar por “una guerra civil franca y encarnizada” en la que “la vida económica se subordinó por completo a las necesidades del frente.”(3)

Entre 1918 y 1921, cuando el flamante estado obrero vivió el período conocido como “comunismo de guerra”, los esfuerzos se concentraron en la industria militar y en combatir el hambre que asolaba las ciudades: “una reglamentación del consumo en una fortaleza sitiada”, dirá Trotsky.(4) Mientras tanto, la revolución era derrotada en la avanzada Alemania y las fuerzas conservadoras del antiguo orden europeo recuperaban cierto equilibrio. En toda Rusia, la industria producía menos de una quinta parte de lo que había producido antes de la guerra imperialista; Moscú contaba con la mitad de población que antes de la contienda, Petrogrado con apenas un tercio. A principios de 1919, el proyecto de la reacción europea de rodear a la naciente república de los soviets se puede decir que había sido consumado: al oeste, asediaban el ejército alemán y la flota inglesa, los checoeslovacos y las tropas blancas comandadas por Kolchak; al norte, tropas inglesas, francesas, americanas y serbias; al sur, franceses, ingleses y el ejército blanco comandado por Denikin; al este, los japoneses y los jefes cosacos, antiguas cabezas de las fuerzas represivas imperiales.

En medio de esta situación, la expectativa de los dirigentes bolcheviques en la revolución alemana no era una mera ensoñación de líderes trasnochados: si el poder soviético se había sostenido en sus primeros meses, se lo debía al proletariado europeo, donde se destacaba la heroica clase obrera germana que –envuelta en el drama de la guerra imperialista y vestida con los uniformes de marineros y soldados- había derrocado al Reich. El destino de la revolución rusa, para Lenin y Trotsky, se encontraba atado indisolublemente a la resolución que, finalmente, tuviera esta monumental batalla de clases en uno de los países capitalistas más avanzados de la época.(5) Y sin embargo, en medio de esta situación dramática que nublaba el horizonte de la Rusia soviética, haciéndole temer a los revolucionarios un casi seguro retroceso en las posiciones conquistadas, redoblaron la apuesta y el primer estado obrero de la historia se proveyó de una legislación particularmente vanguardista. “El régimen soviético no tenía aún un mes de existencia cuando publicó un decreto que el gobierno provisional no había sido capaz de elaborar a los ocho meses de estar en el poder: la ley del divorcio y más particularmente el divorcio por consentimiento mutuo. Casi al mismo tiempo el matrimonio civil reemplazó al religioso. (…). El fin de esta reforma, según uno de los principales legisladores de la época consistía en transformar una institución que ‘ha de dejar de ser una jaula donde los esposos tienen que vivir a la fuerza.’”(6)

El historiador Henri Chambre señala que la legislación soviética se sometía a dos principios fundamentales: “la emancipación de la mujer y la desaparición de la desigualdad de derechos entre el hijo natural y el hijo legítimo.”(7) Es la misma apreciación de Wendy Z. Goldman, que ya desde las primeras páginas de La mujer, el Estado y la Revolución indica que, “desde una perspectiva comparativa, el Código de 1918 se adelantaba notablemente a su época. No se ha promulgado ninguna legislación similar con respecto a la igualdad de género, el divorcio, la legitimidad y la propiedad ni en América ni en Europa. Sin embargo, a pesar de las innovaciones radicales del Código, los juristas señalaron rápidamente ‘que esta legislación no es socialista, sino legislación para la era transicional’. Ya que este Código preservaba el registro matrimonial, la pensión alimenticia, el subsidio de menores y otras disposiciones relacionadas con la necesidad persistente aunque transitoria de la unidad familiar. Como marxistas, los juristas estaban en la posición extraña de crear leyes que creían que pronto se convertirían en irrelevantes.”

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martes, 3 de agosto de 2010

Nueva Publicación de Ediciones IPS: Salario, Precio y Ganancia de Karl Marx

Reseña

Pronunciado por Karl Marx como discurso en el año 1865, Salario, Precio y Ganancia sigue siendo una de las mejores y más sencillas explicaciones de los conceptos fundamentales del pensamiento económico marxista. Polemizando con la idea de que un aumento en el nivel de los salarios no traería provecho a los obreros, sino que los perjudicaría generando una suba de los precios, Marx expone en forma contundente su crítica de la economía política y fundamenta por qué la emancipación de la clase obrera sólo puede conquistarse terminando con las relaciones sociales capitalistas.

Con una Introducción especial para esta edición, este primer volumen de la Colección Clásicos y Contemporáneos de Ediciones IPS está dirigido especialmente a los trabajadores, trabajadoras, jóvenes y todos aquellos que estén interesados en estudiar y comprender sencillamente el verdadero contenido de la explotación capitalista.

La edición incluye un ensayo Introductorio y un Anexo de Esteban Mercatante y Juan R. González, del Departamento de Economía del Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx.

Precio promocional $20.

martes, 7 de abril de 2009

Manifiesto de En Clave ROJA frente a la crisis capitalista

FRENTE A LA CRISIS CAPITALISTA RETOMEMOS EL CAMINO DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL DEL CORDOBAZO, ACABEMOS CON LA HERENCIA DE LA FRANJA MORADA

Una gran crisis, comparable a la depresión posterior al crack de 1929, ha comenzado en el corazón del sistema capitalista: los Estados Unidos. Las autoridades de EE.UU., los principales países de la Unión Europea y Japón, declaran que están en recesión. Los multimillonarios paquetes de rescate que votaron para evitar la quiebra y salvar a los grandes empresarios, a costa de mayores sufrimientos para los trabajadores y el pueblo pobre, se escurren como el agua entre los dedos.

Hoy “nacionalizan” bancos para evitar un colapso mayor. Países como Islandia se “argentinizan” y entran en default; las grandes multinacionales y empresas amenazan con despidos masivos. Este año, según la Organización Internacional del Trabajo, pueden llegar a 50.000.000 los nuevos desocupados en todo el mundo. El capitalismo no tiene más que penurias y pobreza para ofrecer a los trabajadores. Contra la utópica esperanza, alentada entre otros por Cristina Fernández, de que los países semicoloniales se “desacoplen” de la crisis de los países centrales, ya se ven en nuestro país los primeros efectos, con despidos, suspensiones, amenazas de quiebras, y también las primeras respuestas de los trabajadores y los sectores populares.

Son muchas las voces que pretenden reemplazar el “neoliberalismo” por medidas “keynesianas” de intervención estatal para “impulsar la demanda y mantener el empleo”. Saludan los planes “de estímulo” como el presupuesto propuesto por Obama (o las tibias medidas de Cristina para “alentar la producción” vía créditos al consumo), pero critican desilusionados los rescates multimillonarios a los bancos del mismo presidente afroamericano. Sin embargo es utópico querer conjurar una crisis brutal con tibias reformas. No se puede curar el cáncer del capitalismo con aspirinas. Lograrán, a lo sumo, posponer por un tiempo las grandes catástrofes que necesita el capitalismo para sobrevivir: quiebras, desempleo masivo, nuevas guerras y hambre. Recordemos que la “Gran Depresión” de la década del ´30 terminó, nada menos, que en una gran “intervención estatal” en la economía: la Segunda Guerra Mundial.

La crisis tira a la basura la inconmensurable cantidad de idioteces ideológicas que distribuyó la abrumadora mayoría de la academia en los últimos años. Hemos visto en las “Ciencias Económicas” los modelos matemáticos basados en “el mercado” como regulador del desarrollo armónico del capitalismo; las escuelas de Filosofía más renombradas afirmaron que vivíamos el fin de “los grandes relatos”, y descartaron toda posibilidad de revolución y superación del capitalismo. En Sociología, los “pensadores” con más publicidad fueron los que decretaron “el fin de la clase trabajadora” y que los asalariados pasaban a ser parte de los “excluidos”. Pero, ¿qué explicación pueden dar si reconocen que el desempleo se multiplicará en los próximos meses? ¿Serán “fantasmas” esos “no obreros”? No, lo único fantasmal son las ideas de la academia universitaria, que no resisten la gran crisis del capitalismo. Por haber difundido teorías como la del “fin del trabajo” las corrientes fundamentales de la academia son corresponsables de los ataques del capital contra los trabajadores, ya que colaboraron a minar su voluntad de lucha.
Desde En Clave ROJA queremos difundir un programa para que los trabajadores, junto al movimiento estudiantil y el pueblo pobre, se movilicen e impongan las medidas para no pagar esta crisis con más explotación y muerte. No existen más opciones frente a una crisis que los patrones descargan sobre el pueblo trabajador: o continuar con el movimiento estudiantil desmovilizado y despolitizado de la Franja Morada, y sus organizaciones burocratizadas, o retomar la senda del movimiento estudiantil combativo del Cordobazo, para que un sector importante de los estudiantes sea un aliado del movimiento obrero clasista. La gran mayoría de los centros y federaciones conducidos estos años por agrupaciones opositoras a la Franja, sean “independientes” (como La Bisagra en Córdoba) o partidistas (como el Frente 20 de diciembre en la FUBA integrado por el PO, el MST y el PCR), no han cambiado de raíz el movimiento estudiantil. La crisis exige un cambio radical.

jueves, 12 de junio de 2008

Films del Grupo Medvedkine: imágenes de la clase obrera en Francia del ’68

A fines de los ’60, Chris Marker promovió y organizó la formación de los Grupos Medvedkine, en las localidades francesas de Sochaux y Besançon. El nombre fue elegido como homenaje al cineasta soviético Alexander Medvedkine, quien luego de la Revolución Rusa de 1917, impulsó el “Cinetren” para recorrer el amplio territorio soviético retratando la vida de obreros y campesinos, con quienes elaboraba conjuntamente cada película. Retomando esta experiencia, los Grupos Medvedkine, buscaron retratar la vida obrera en plena Francia del ´68. Estaban constituidos por jóvenes cineastas junto a obreros de distintas fábricas. Sus películas se opusieron a cualquier valor mercantil, buscaron canales alternativos de difusión y reclamaban ante todo generar un debate, ser discutidas y dialogadas. Sus documentales permitieron ver ese mundo obrero tan ocultado por la mayoría del cine.





Consegui este video solicitándolo a: enclaverojamdp@hotmail.com

lunes, 26 de mayo de 2008

Cuando obreros y estudiantes desafiaron al poder

La derecha presenta al Mayo del ‘68 como la raíz del desorden, la pereza, la inmigración y todos los “males actuales” de Francia. Los “progresistas” lo reivindican reduciéndolo a un movimiento contracultural antiautoritario que habría logrado ciertas reformas en el capitalismo. Unos y otros, pretenden desvirtuar su contenido revolucionario: quieren ocultar que, de las barricadas del Barrio Latino a la huelga general, “Mayo del 68” fue cuando obreros y estudiantes desafiaron el poder del capitalismo imperialista francés. En particular, subestiman la participación del movimiento obrero, una de las mayores en extensión con relación al movimiento obrero occidental del siglo XX, así como los niveles de lucha de clases alcanzados (como la ocupación de fábricas). Sin embargo, investigaciones recientes y documentos inéditos en español, como los presentados en este libro, ponen a la luz la verdadera magnitud de los acontecimientos que abrieron una nueva situación política no sólo en Francia sino a nivel internacional.